Cuento de otoño
El suelo crujía bajo los pies de Alba al andar por la primera planta de la casa para llevar cosas a su cuarto. Ella estaba fastidiada con la mudanza, aunque a su madre no le gustaba llamarla así; según ella simplemente se trasladaban por un tiempo a casa de su difunta abuela, porque papá y ella ya no se llevaban bien y tenían que descansar uno del otro. Alba sabía que había algo más, porque su madre había comentado a una amiga por teléfono que ya no confiaba en él, que era un mentiroso. La confianza era lo más importante, lo había aprendido de la experiencia con una amiga que la traicionó tiempo atrás. Pero ella no dijo nada. El suelo crujía y los muebles murmuraban cuando todo estaba en silencio, y Alba trataba de acostumbrarse. Pasaba sola mucho tiempo porque mamá trabajaba todo el día limpiando, por la mañana portales y por la tarde oficinas, pero el instituto no empezaría hasta primeros de octubre. Como ya tenía dieciséis años, mamá no llamó a nadie para cuidar...